Que Venecia tiene mucho que ver no es ninguna novedad ni pillará a nadie por sorpresa. Las guías de viajes ofrecen una gran variedad de lugares que visitar que terminan por estar masificados. A pesar de todo, todavía existen pequeñas joyas por descubrir en esta ciudad encantada, como puede ser el Palazzo Dandolo, hoy reconvertido en hotel, que acogió en el pasado a la que se considera la primera sala de apuestas autorizada y legal. Hablamos de la sala Il Ridotto, fundada en 1638 y de la que derivaría lo que hoy entendemos por casino.

Esta ciudad llena de lugares por descubrir fue fundada en el siglo V sobre un archipiélago de 118 pequeñas islas. Esta elección no fue baladí sino que los romanos decidieron que era uno de los mejores enclaves sobre los que crear un asentamiento con el fin de defenderse de posibles ataques de los pueblos germanos.

En la actualidad estas 118 islas están unidas entre sí por un total de 455 puentes que permiten su acceso sin problema. A Venecia puede llegarse desde tierra atravesando el Puente de la Libertad que conecta la Piazzale Roma con la ciudad de Mestre. Una vez dentro de Venecia, os veréis inmersos en un tipo de urbanismo completamente diferente al que probablemente estéis acostumbrados.

La ciudad en sí es pequeña y laberíntica y, como todos sabemos, está rodeada y atravesada por canales y, por tanto, plagada de puentes y escaleras.  Las opciones de optar por moverse en bici quedan eliminadas, ya no digamos en moto o en coche. Esta situación  nos ofrece únicamente dos opciones opuestas para recorrerla: andando o navegando.

Vista aérea de Venecia. Fuente: Pixabay

Si optamos por la primera opción debemos tener en cuenta que las calles de Venecia son muy pequeñas en proporción al número de personas que las recorren. Cientos y cientos de turistas pasean por ellas durante los 365 días del año, lo que provoca que sea muy difícil moverse con comodidad. Por si esto no fuera suficiente, el plano de la ciudad es digno de un juego de escape, con una gran cantidad de calles sin salida, muy estrechas y muy similares entre sí. Con todo, Venecia es una de las mejores ciudades para visitar a pie debido a su reducido tamaño y a la cantidad de edificaciones que son dignas de ser consideradas como obras de arte y de las que se puede disfrutar al aire libre sin gastarse ni un euro, algo que se agradece si tenemos en cuenta que es una ciudad cara.

La segunda opción pasa por coger alguno de los medios de transporte acuáticos que están a disposición tanto de los visitantes como de los habitantes de Venecia. Sí, aunque no os lo creáis, hay gente que vive allí, ¡todo el año!

Vaporetti en sus paradas. Fuente: Pixabay

Para movernos por el agua existen varias opciones, algunas más económicas que otras. Una de las más populares es el vaporetto, que viene a ser el homólogo acuático de nuestro autobús. Existen 15 líneas de vaporetto que funcionan en toda la ciudad, siendo la más famosa la línea 1 que recorre en aproximadamente 45 minutos el Gran Canal. Los vaporetti suelen modificar sus paradas con asiduidad por lo que es recomendable que antes de viajar comprobéis los recorridos actuales. Además de por el centro de la ciudad, los vaporetti también son los encargados de cubrir las rutas a otras islas de la Laguna, como la colorida Burano, la famosa Murano o Torcello, más tranquila y menos masificada que las dos anteriores.

Burano. Fuente: Pixabay

Los vaporetti son de las opciones más baratas para navegar por Venecia ya que el billete simple ronda los 10 euros. Además, existen diferentes descuentos y bonos por días, siendo esta última la opción más económica si vamos a permanecer un par de días en la ciudad.

Junto a los vaporetti están los traghetti, la otra opción de transporte público. A diferencia de los vaporetti, los traghetti son similares en forma a las góndolas. De hecho, son góndolas que ya han vivido su época dorada, por decirlo de algún modo, y a las que se le han sacado los asientos. Sí, los asientos, porque en los traghetti se debe ir de pie. El precio por viaje ronda los 2 euros y tan solo sirve para cruzar de un lado a otro del Gran Canal, ya que estas embarcaciones tan solo tienen permitida la navegación desde la Estación de Trenes Santa Lucia hasta la dársena de San Marcos.

Si los vaporetti y los traghetti conforman la oferta de transporte público, los taxis acuáticos y las góndolas serían la cara contraria de la moneda. En ambos casos, se trata de una oferta extremadamente cara. La más económica de estas dos opciones es la góndola, de la que puedes disfrutar durante 45 minutos por 80 euros. Esta cifra no varía en función a los ocupantes, es decir, costará lo mismo si vamos 4 que si lo hacemos 8 ó 2, por lo que es interesante hacer el viaje por el Gran Canal lo más acompañados posible. Será menos romántico, pero más económico para nuestro bolsillo.

Paseo en góndola. Fuente: Pixabay

Los taxis acuáticos cuestan más por lo que son la opción menos empleada. Para que os hagáis una idea, cubrir el trayecto que va desde el Aeropuerto Marco Polo hasta el centro de la ciudad supera con creces los 100 euros. Con todo, en ocasiones nos veremos obligados a cogerlos si queremos llegar a algunas de las islas menos turísticas que conforman la Laguna y que no cuentan con una línea de vaporetto hacia ellas.

Nota: fuente de la imagen principal Pixabay


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