Ya sabéis que una de las cosas que hago en el blog es compartir experiencias relacionadas con la oferta de transporte existente en ciudades a las que viajo. Aquí tenéis bastantes ejemplos: [enlace]. Y espero que pueda seguir creciendo el número de artículos en este sentido. 

Hoy, siguiendo esta línea, recoge el testigo Javier de las Heras con un resumen de los transportes que pudo disfrutar en su viaje a Moscú y San Petersburgo.


Tolstoi, Pasternak y otros grandes novelistas nos han hecho viajar en numerosas ocasiones por la estepa rusa y por sus grandes ciudades. Sin embargo, desde aquellos viajes ha pasado mucho tiempo y demasiadas vicisitudes históricas. Por esta razón, es una buena idea hacer una reflexión y preguntarnos, ¿cómo es en 2015 la movilidad en las capitales rusas? ¿Es muy similar al resto de Europa o hay claras diferencias? A lo largo de este artículo se intentará responder a éstas y muchas otras cuestiones.

Tanto Moscú como San Petersburgo, con 12 y 5 millones de habitantes respectivamente, son no sólo grandes ciudades rusas, sino también son grandes urbes europeas en cuanto a su población. Por esta razón, presentan problemas similares a otras ciudades de nuestro entorno, como: la congestión, la utilización desmedida del automóvil o determinados problemas en el sistema de transporte público.

La problemática derivada del uso del coche va mucho más allá de la que se puede observar en otras ciudades europeas. Su uso ha ido ganando terreno desde la caída del bloque soviético, y especialmente en la última década, debido fundamentalmente a dos razones: el bajísimo precio de los carburantes en Rusia y el estatus social que representa la posesión de un automóvil en un país con claras diferencias sociales.

En lo relativo al carburante, cabe mencionar que Rusia es uno de los principales productores de gas y petróleo del mundo y, además, es una política prioritaria del gobierno mantener sus precios bajos. Otro efecto asociado al carburante es su bajo octanaje (existen gasolinas de 92, 87 y 82 octanos, por lo que su efecto contaminante es mucho mayor). En cuanto al automóvil como símbolo de posición social, es importante señalar que a principios de los años noventa la tasa de motorización en estas ciudades se encontraba en torno a 100 vehículos por cada mil habitantes (siendo muchos de ellos del Estado, es decir, alrededor del 5% de la población tenía acceso a un vehículo privado), pasando a la actualidad a más de 550 vehículos por cada mil habitantes.

Ambos hechos han dado lugar a que el uso del coche haya crecido enormemente en muy poco tiempo, por lo que las infraestructuras e instalaciones no han podido responder a este fenómeno. Así, no es de extrañar encontrar importantes atascos en ambas ciudades o encontrar numerosas calles y plazas, incluso céntricas, en las que los vehículos ocupan la práctica totalidad del espacio dejando en clara inferioridad a los peatones. Ejemplos de esta realidad son la Plaza de San Isaac en la que se encuentra la Catedral, el Ayuntamiento y varios hoteles lujosos de San Petersburgo o el Anillo de los Jardines de Moscú, avenida que cuenta con 18 carriles y en la que, como puede suponer el lector, los jardines que dan nombre a esta avenida son recuerdos del pasado. Como nota de humor de cómo es la sección de esta calle, citar que se quiere celebrar en ella un Gran Premio de Fórmula 1 y ya se han celebrado competiciones de Fórmula E.

La movilidad en las ciudades rusas

Fuente: Yahoo News

Sin embargo, no todo es el coche y si por algo es conocido el transporte ruso es por el metro de sus grandes ciudades. Tanto el metro de Moscú como el de San Petersburgo son dos símbolos de estas urbes por la gran calidad del servicio, su rapidez, su precio o la grandiosidad de sus estaciones. El precio del billete sencillo se sitúa entre los 31 rublos de San Petersburgo a los 50 de Moscú, existiendo una gran variedad de títulos. El otro punto fuerte, las altas frecuencias, hace que en hora punta circulen trenes cada 40 segundos, siendo el tiempo en hora valle nunca superior a 2 minutos y medio.

Centrando el foco en el metro moscovita, el tercero más grande del mundo después del de Nueva York y Londres, un aspecto interesante es que la distancia media entre sus estaciones es de 1.800 metros (la distancia media en el Metro de Madrid es de 850 metros), llegando en algunos tramos de la red a superar los 6.000 metros. De este modo, las largas distancias entre estaciones permiten que la velocidad comercial promedio supere los 40 km/h, convirtiéndolo en un medio de transporte muy competitivo. Otra característica a reseñar es que los trenes están compuestos en las principales líneas por 8 coches (en lugar de los seis del Metro de Madrid), teniendo sus estaciones una longitud de 155 metros. De esta forma, se consigue una mayor capacidad y alcanzar los 9,5 millones de viajes diarios.

Probablemente sea, en relación calidad del servicio / precio, de los mejores metros del mundo en los que he tenido la oportunidad de montar. Además, el propio viaje es una experiencia en sí mismo debido a la monumentalidad de las estaciones, adornadas con estatuas, mosaicos, columnas, etc.

La movilidad en las capitales rusas

Estación de metro en Moscú

Por el contrario, tanto Moscú como San Petersburgo cuentan con una red deficiente de transporte público en superficie, formado fundamentalmente por autobuses y trolebuses. Esta red está formada por autobuses de compañías públicas, que se caracterizan por ser vehículos mayores, más antiguos y con paradas fijas; y por compañías privadas (denominadas popularmente “comerciales”) que presentan vehículos más pequeños, son más rápido y tienen mayor flexibilidad para cargar y descargar usuarios. La diferencia entre ambos sistemas además de las frecuencias de paso y el tiempo de viaje, se encuentra en el precio del billete, siendo superior en los servicios comerciales. Todos ellos se caracterizan por los bajos estándares de calidad de los vehículos, así como por la irregularidad en la prestación del servicio.

Trolebús en Moscú. Fuente: http://www.viajandopor.com

Trolebús en Moscú. Fuente: http://www.viajandopor.com

Para finalizar este acercamiento a la movilidad de las capitales rusas, se puede establecer como conclusión que a Rusia le queda mucho trabajo por hacer para alcanzar una movilidad sostenible e integrada en sus ciudades. En muchos aspectos, como el papel totalmente protagonista del automóvil, incluso en los centros históricos, recuerda a lo que sucedía en muchas ciudades de Europa occidental hace unos años. Sin embargo, y a pesar de la brecha que separa ambas realidades es amplia, las ciudades rusas cuentan con importantes fortalezas como son las extraordinarias redes de metro, que deben ser potenciadas y reforzadas. Eso sí, en el futuro será necesaria la modernización de la red de transporte en superficie.  


Javier ya ha colaborado en otras ocasiones en el blog. Concretamente, en dos artículos sobre Brasilia [enlace1, enlace2] y en otro sobre las terrazas en las aceras [enlace]. Y esperemos que aún haya más colaboraciones, aparte de las que hará a partir de ahora como nuevo editor de ecomovilidad.net.