Escribí este texto a finales de agosto de 2025. Mi intención, cuando lo escribí, era el de concienciar los españoles explorando una empatía que considero que falta en cierta medida. Y, es que, incluso quienes más apoyan a Palestina contra la ocupación colonial que sufre, parecen centrarse sobre todo en los sucedido los últimos años o, quienes más conocen el caso, las últimas décadas. Pero hay poca gente que, para entender la situación de actual, rastree su origen atrás en el tiempo. Y, es que, la intensificación del genocidio en este último periodo no es más que la expresión última y más cruel de un proceso que se ha dejado suceder durante casi un siglo y medio.
Por eso, elaboré un relato breve en el que explico sucintamente las que entiendo que son las claves interpretativas del conflicto. Los paralelismos entre la historia de Palestina son constantes pero se narran con el caso de una hipotética España que, como formó parte del Imperio Romano, es reclamada por los romanos. Esto que en este caso resulta absurdo es en realidad lo que sucede. Por eso, el esperpento que nos produce pensarlo desde nuestras coordenadas es el que debería provocarnos que suceda en Palestina.
Mi idea era publicarlo en algún medio. Lo intenté con varios pero, bien por el formato poco ortodoxo bien por el contenido, la realidad es que hasta cuatro medios me la han rechazado. Como me niego a que se pierda entre mis archivos digitales, allá va en este blog. Por supuesto, cualquiera tiene libertad total para reproducirlo siempre que el objetivo sea el de clarificar la situación y generar empatía.
Vamos, pues, con el relato:
Imaginemos una historia alternativa de España. Corre el año 1881 y a España empiezan a llegar primero centenares y después miles de romanos. Muchos huyen de la persecución en muchas partes del mundo, así que los españoles les acogen y les enseñan el modo de vida local para que puedan prosperar. Para 1903 llegan más romanos, movidos ya por una idea: España es la tierra que su dios principal, Zeus, les prometió. Con las escrituras del dodecateísmo como elemento aglutinador de los intereses de todos los romanos, comienzan una empresa colonial para apropiarse progresivamente de España.
Cuando en 1917 los romanos son el 5% de la población, consiguen que Arthur Balfour, el Primer Ministro del Reino Unido, se posicione a su favor a través de una declaración en la que defiende que España debe ser el lugar en que se funde un hogar nacional para el pueblo romano, mencionando a los españoles como la “población no romana”. Es necesario ir deshumanizando a los españoles para que la colonización no se discuta mucho a nivel internacional y quién mejor que el líder de la potencia hegemónica del momento. No es el único apoyo que les presta. Conocido como Bloody Balfour en Irlanda por su violenta política contra los católicos, exporta a España los métodos de control y tortura para que los romanos avancen posiciones.
Sin embargo, para algunos romanos, el ritmo de la colonización es lento y fundan tres grupos terroristas con los que llevan a cabo distintas oleadas de atentados y masacres con los que van quedándose cada vez con más territorio. Para 1946 ya hay romanos en prácticamente el 50% del territorio y la Comunidad Internacional empieza discutir la pertinencia de dividir España en dos Estados, uno para el pueblo romano y otro para el no romano.
Gracias a ese posicionamiento a nivel mundial, la impunidad de los romanos es ya total y durante algo más de un año hostigan sistemáticamente a la población autóctona en todos los lugares en que ya hay población romana. Un día de principios de 1948, los romanos deciden industrializar lo que ya venían haciendo a pequeña escala a través del terrorismo e inician una campaña coordinada en todo el territorio. Cada familia romana debe participar en la medida de sus posibilidades. Una de ellas, llama a la puerta de casa de tus abuelos en Brihuega y los expulsa de su casa para siempre. Lo primero que hacen para eliminar la identidad española es renombrar el lugar, que ahora pasará a llamarse Castrum Briga. Lo segundo es cortar toda la lavanda. No puede quedar ni rastro del lugar que fue. En su lugar, plantan aguacates. La prensa internacional no habla mucho de la población no romana, sino que se centra en el sufrimiento histórico de los romanos y en que, ahora que ahora que “el pueblo sin tierra ha llegado a una tierra sin pueblo” están convirtiendo el desierto en un vergel. Este discurso, aunque parezca inocente, forma parte consustancial de la épica romana y ayuda a fijar la idea de que apenas había españoles cuando llegaron. También la de que, los pocos que había, abandonaron sus tierras porque no les tenían apego y eran descuidados. Los romanos, que sí aman Roma, son quienes de verdad saben sacarle provecho a la tierra.
Además, los romanos entienden bien el poder del relato, de modo que cambian sistemáticamente sus nombres para hacerlos sonar más hispanos a través de referencias a la toponimia de estas tierras en el libro sagrado dodecateísta. Uno de los ejemplos más famosos es el de Gianni Romano, un terrorista del grupo Populus Romanus y a la postre primer presidente del país, que cambia su nombre por Ioannes Matritensis. ¿Quién podría afirmar que alguien con ese un nombre tan hispano y cuya comida favorita es la fabada no es en realidad el poblador legítimo de España?
Para 1948 se produce la partición del país. El 51% queda bajo el control de los territorios españoles, aunque se les dificulta por todos los medios generar estructuras de Estado. El resto corresponde a Roma. Portugueses, franceses y alemanes, ante lo que ven como un peligroso precedente que puede afectarles en el futuro, atacan a Roma pero pierden la guerra. Así, Roma pasa a controlar prácticamente todo el territorio español y el Algarve portugués para 1967. Tras el reconocimiento de Roma como Estado, Portugal recupera el Algarve y la Comunidad Internacional se posiciona: Roma tiene ya unas fronteras definidas y no puede seguirse expandiendo. Todo el mundo acata; las fronteras reconocidas por todos son estas de 1967. Nada importa que los territorios españoles hayan quedado reducidos a Murcia, Castilla y León y una parte de la Comunidad de Madrid. Madrid capital es, desde entonces, la capital de los españoles pero está dividida entre los dos Estados. Roma la reclama porque, dicen sus escrituras, es el lugar donde estaba el templo más importante dedicado a Zeus.
Desde entonces, los hostigamientos no han cesado. Los romanos han fragmentado los territorios españoles en Castilla y León construyendo muros que impiden moverse con libertad a los españoles dentro de su propio territorio, han establecido su capital en Madrid (confinando a la población no romana en una pequeña parte de Hortaleza y Barajas) y han cercado Murcia, convirtiéndola en la cárcel al aire libre más grande del mundo.
Los españoles han resistido todo este tiempo, a veces con más suerte y otras con menos, a veces con más comprensión de la Comunidad Internacional y otras con menos. Los actos de resistencia han hecho que los españoles sean percibidos como terroristas. Todos ellos. Porque la violencia es reprochable siempre.
Tras un ataque sin precedentes por parte de un grupo fundamentalista católico murciano contra Roma en octubre de 2023, esta responde castigando a todos los murcianos (todos los españoles son terroristas y los murcianos, por supuesto, más) y, con el paso de los meses, las bombas dejan paso a la hambruna provocada por un bloqueo férreo de la ayuda humanitaria. Las imágenes de niños desnutridos recorren el mundo y algunos países lanzan tímidos mensajes para que “acabe la guerra”. No hay que enfadar mucho a los romanos. Ya se sabe, después de todo lo que han sufrido por rezar a doce dioses, es difícil pedirles que no masacren indiscriminadamente a los españoles.
En Castilla y León y Madrid la situación no es mejor en 2025. De hecho, Roma planea quedarse ya con todos los territorios españoles. Incluso, algunos políticos romanos recuerdan que media Europa formó parte del Imperio Romano. Para una parte del gobierno es lógico querer expandirse, para otros es demasiado, pues basta con quedarse toda España.
Ahora que las víctimas son perfectas, principalmente niños y ancianos desnutridos, muchas celebridades que hasta hace poco apoyaban a Roma o estaban callados mientras quienes morían oponían resistencia, hacen declaraciones sobre lo insoportable que es que los romanos maten de hambre a los españoles.
Algunos bienintencionados líderes de naciones que no fueron parte del Imperio Romano dicen que el Derecho Internacional establece que las fronteras legales son las de 1967. Pero siempre con mesura, que no hay que posicionarse en contra de los romanos.
Los gobiernos más defensores de los Derechos Humanos reconocen a España como Estado. Justo ahora que está a punto de desaparecer. Justo a tiempo de que no sirva para nada.
¿Qué sentirías si todo lo que ha pasado en Palestina en los últimos 145 años hubiera sucedido en España?