Ayer vi un cartelón de estos de las obras con el anuncio de un nuevo desarrollo urbanístico de estos que quedan un poco a desmano:


Las susodichas viviendas estarán lejos de lo que es Alcorcón pero, al fin y al cabo, dentro de su término municipal. Dado que su alcalde es uno de los principales detractores de los semáforos de la A-5, estuve dándole vueltas a cuál sería la respuesta que él daría a un incremento de la congestión en este tramo. Dado que para el caso de la A-5 defiende que exista una autovía a un metro de las ventanas de algunas viviendas de Batán y Campamento, he llegado a imaginar que la solución que más le satisfaría sería expropiarles la parcela a las viviendas a los pocos años de construirse para ensanchar la actual Avenida de San Martín de Valdeiglesias y convertirla en una autovía.

Quizá este planteamiento nos parezca ridículo. Y, es que, seguramente lo es. Lo raro es que a este político no le parezca desquiciante que ese caso exista muy cerca de su municipio. De hecho, aunque es un lugar al que le tengo un cariño especial por todo lo que ha supuesto para mí, el actual Paseo de Extremadura me parece un mojón importante. A pesar de que soy hombre joven y blanco y eso supone que la ciudad está diseñada “bajo mis parámetros”, este lugar no me representa. Aunque debo decir que en las últimas semanas lo hace un poco más. Un poco infinitesimal más.

Es de justicia decir que tengo una gran ventaja sobre, al menos, la mitad femenina de la población porque cruzar los subterráneos de noche me resbala. No es que lo disfrute pero me da bastante igual. Con lo que soy bastante más cagón es con que me atropellen. Manías que tengo… algo que facilita que te atropellen es que no te vean mientras cruzas una de las preciosas salidas que pueblan las márgenes de la A-5. Algunas es que son a 90º. Como para ver a nadie cuando deberías ir a 40 km/h pero la distancia del carril de deceleración no te permite ir menos de 60 km/h si tu velocidad en la calzada son 90 km/h. Así que los 20 km/h que se ha bajado la velocidad en calzada, gracias al radar de tramo, algo ayudan a mitigar ese miedo. Pero lo que de verdad me acojona es que me hagan chopped  mientras estoy esperando en la parada del bus y que se me lleven por delante. Será por haberlo visto varias veces a lo largo de mi vida… La última, en agosto de 2018:

 

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Hay que desmontar la A-5 y convertirla en vía urbana #A5VíaUrbana

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La nueva velocidad máxima ha reducido esa sensación de estar siendo asediado por obuses que, por suerte, no aciertan. Incluso, en algunas paradas pero no en todas, se ha puesto una pequeña solución tan fea como efectiva para generar sensación de seguridad durante la espera: New Jerseys de hormigonaco justo antes de la parada (se puede ver dónde espera la gente, ¿no?).

Está claro que la solución de los semáforos no es óptima. Ni si quiera buena. Y que las nuevas entradas y salidas en las calles Padre Piquer y Carabias son de todo menos aceptables. Tampoco lo es el nuevo acceso desde la Avenida de los Poblados. Pero para los que somos del entorno debería representar (lo pongo en condicional porque sé que mi opinión no es la única que existe) una esperanza. De momento, el problema ya está encima de la mesa de los decisores, todos los partidos que aspiran a la alcaldía lo tienen en mente para captar votos y, más allá de la solución que pensemos cada uno como la mejor, está claro que una mayoría amplia de la ciudadanía está concienciada de que es un problema al que hay que dar respuesta.

Coincide por casualidad (o quizá no) este cambio con la apertura de algunos locales que permanecían cerrados desde hace años en Batán, siguiendo la dinámica actual de reemplazo generacional. En los últimos meses, la apertura de nuevos negocios ha llegado al frontal de la A-5. Veremos qué sucede con la pieza de Batán si algún día los locales y pisos no tienen delante una autovía sino una vía urbana o directamente una avenida… pero ya os anticipo que, llegando desde un valor de mercado muy bajo para su valor real y estando bien situados y con una impecable accesibilidad al centro de la ciudad que ya les gustaría al resto de periferias, el problema futuro será la mano invisible. Por eso, las mejoras actuales y las futuras van a tener que venir acompañadas de algo más: de una política social y de viviendas que evite que los “pobres” hayan sufrido los humos y los ricos del futuro disfruten los frutos de las luchas de los actuales vecinos. Como pasa cerca, en el barrio recién bautizado como Puerta del Hipster.

Y solo eso, que tampoco pretendo aburrir a nadie por extenderme demasiado.