Los subsistemas de un puerto seco

Durante el Máster Universitario en Sistemas de Ingeniería Civil tuve la ocasión de cursar la asignatura de Logística e Infraestructuras Intermodales que impartían quienes acabarían siendo Directores de Tesis. En ella, teníamos un trabajo de fin de curso y a mí me toco, justo a Mariemil Carrasquel, realizar el de puertos secos. ¿Quién me diría a mí que aquel trabajo acabaría significando tanto para mi Tesis?

Aquí os presento el texto íntegro de uno de los apartados. Resulta que no existía material específico para puertos secos, así que adaptamos los subsistemas de las terminales marítimas a un nuevo tipo de uso, con condiciones algo diferentes. Años después y, habiendo profundizado mucho mi conocimiento sobre estas terminales, debo decir que no íbamos nada desencaminados.


Los subsistemas de un puerto seco

En las terminales portuarias se realizan las operaciones portuarias que contienen las fases de estiba/desestiba, carga/descarga, almacenamiento temporal en explanada o tinglado, el transporte y la recepción a través de los modos de transporte interior o hacia buques fedeer.

Obviamente, en los puertos secos la mercancía no llega a un muelle sino que la recepción de las mercancías se realiza alrededor de unas vías. Esto condiciona el tipo de operación, de forma que la recepción es similar a la entrega en una terminal portuaria.

Para realizar de forma equilibrada y eficaz todas las fases de la operación se deben acomodar todos los medios humanos y materiales apropiados a cada fase, considerando las condiciones punta para que no se produzcan cuellos de botella, que condicionarán el rendimiento global de la operación.

 Los componentes principales a considerar para el dimensionamiento de una terminal son fundamentalmente los siguientes:

  • Zona de almacenamiento de mercancía general o contenedora, incluso refrigerada, que admita carga a la intemperie y dotada de su correspondiente sistema de recepción y expedición de carga.
  • Zona de operación.
  • Zona de maniobras y vías de grúas.
  • Zona de conexión ferroviaria y por carretera.
  • Edificios de administración y mantenimiento. Espacio para las instalaciones de inspección y de pequeñas reparaciones.
  • Puertas de acceso con elementos de control y pesaje.
  • Zona de recepción y entrega de mercancías entre los modos de transporte horizontal de la terminal.
  • Zona de control de entrada y salida de la terminal.
  • Zona de aparcamiento de vehículos de transporte por carretera.
  • Zonas destinadas a servicios complementarios o auxiliares (oficinas, talleres, red general viaria interior de la terminal, etc).
  • Zona segregada para mercancías peligrosas.

De forma muy sencilla, la operación en un puerto seco se puede describir de la siguiente forma: se produce la descarga de la mercancía al llegar un tren procedente de un puerto marítimo, a continuación se puede producir un trasbase de los equipos de transporte horizontal o bien se almacena de forma temporal en la zona de operación hasta que por medio del transporte horizontal se deposita en el área de almacenamiento propiamente dicha, nuevamente se produce un transporte horizontal hasta el área de entrega y recepción, donde la mercancía saldrá bien por ferrocarril o bien por carretera. Este proceso puede producirse a la inversa.

La consideración de un puerto seco como un sistema implica que dentro de ella se pueden considerar los siguientes subsistemas:

subsistemas de un puerto seco
Subsistemas de un puerto seco. Fuente: elaboración propia

Subsistema de carga y descarga

En los puertos, es el encargado de resolver la interfaz marítima con todos los aspectos de ingeniería civil y equipamientos que ello conlleva (muelles, equipos de carga y descarga, etc) y las relaciones con los agentes implicados.

En un puerto seco, el subsistema de carga y descarga se entremezcla con el de entrega y recepción. Son diferentes, pero se operan del mismo modo. Se establece la división en este trabajo como instrumento didáctico, si bien en la realidad esta división no resulta nada evidente.

Es necesario dotar a las instalaciones de este subsistema con haces de vías de recepción (vías de acceso ferroviario conectadas a las vías generales) que terminan en una zona de maniobras con objeto de permitir las maniobras de acceso a las diferentes vías de apartado, donde se realizan la carga y descarga con medios propios del puerto seco. En esta zona las vías son electrificadas y es aquí donde se realiza el cambio de tracción al integrarse sus locomotoras eléctricas a sus bases, una vez posicionados los convoyes en las vías de apartado. Se debe disponer de un número de vías de apartado como mínimo igual al número de trenes que deban ser atendidos simultáneamente, con el fin de facilitar la funcionalidad de la terminal en condiciones de seguridad y con la obtención de información del intercambio documental que se precise.

La pendiente máxima será nula en haces de carga o descarga, y en recepción o expedición será del 2‰.

El entre eje adecuado de vía será de 5,5 metros. En haces de recepción/expedición, cada cuatro o cinco vías se sitúa un entre eje de 10 metros para los pórticos de electrificación y camino para vehículos de emergencia. Lo más conveniente es utilizar vías sobre balasto en haces de recepción y expedición,  mientras que en haces de carga y descarga vías estuchadas.

El ferrocarril permite concentrar la actividad en los momentos que mejor convengan a la terminal, además de que, dado que las operaciones a realizar en este modo son iguales y repetitivas, permite obtener niveles de rendimientos elevados, ofreciendo también buena eficacia en el sistema documental. Precisamente es ésta la ventaja que se pretende explotar en este tipo de infraestructura logística.

También es necesario que este subsistema incluya una zona de circulación de camiones con las condiciones que estos necesitan, si bien estas terminales se caracterizan por el predominio del tren como usuario fundamental.. La carga y descarga de camiones presenta un grado de automatización muy elevado, con horas punta características y con requerimientos a su vez muy variables, lo que conlleva complejos condicionantes derivados a la terminal.

Las operaciones de carga y descarga consumen bastante tiempo y asumen una mano de obra muy intensiva.

Por lo tanto uno de los principales objetivos es reducir el tiempo de permanencia del tren o el camión en el puerto seco.

subsistemas de un puerto seco

Subsistema de almacenamiento

Normalmente, por razones operacionales y administrativas (el despacho de aduana se realiza en los puertos secoslas mercancías no se transfieren directamente desde la entrada a la salida, por lo que la terminal debe disponer de una zona de almacenamiento donde se apilen los contenedores o se almacene la mercancía general mientras efectúan los procedimientos administrativos necesarios para permitir la entrega o el envío hacia el puerto marítimo. Esta zona necesita mucha superficie y suele representar hasta el 70% de la superficie de la terminal.

La misión de este subsistema consiste, pues, en almacenar de forma transitoria los contenedores y otras mercancías de una forma eficaz para atender los diferentes ritmos que existen modos y entre la entrada y la salida de las mercancías en el puerto seco.

En el caso de los contenedores, dependiendo del tipo, se consideran zonas perfectamente diferenciadas: para carga seca, para contenedores frigoríficos, para vacíos, para llenos, para mercancías peligrosas, etc o también, según cuál sea el destino del contenedor: importación, exportación y trasbordo. El conocimiento del tipo de contenedores  que se va a mover (TEUs o FEUs) es fundamental para el correcto dimensionamiento de la zona de almacenamiento de la terminal. Se debe intentar que la disposición del patio sea una retícula ortogonal, lo más cuadrada posible, para facilitar el rendimiento de las operaciones.

La zona de almacenamiento ocupa la mayor parte de la superficie de la terminal. Su disposición y extensión están ligadas al resto de los subsistemas y la elección de los medios de manipulación que en este subsistema vayan a trabajar. Su operación es igual a la del mismo subsistema de una terminal portuaria.

Subsistema de entrega y recepción

En un puerto, este subsistema lo integran las puertas terrestres para carretera y ferrocarril y las instalaciones que se dispongan para facilitar la captación del alto volumen de información que en esta zona se adquiere, así como los espacios necesarios para realizar la operación. En un puerto seco, tanto la entrada como la salida de mercancías se realizan a través de este subsistema.

Igual que el subsistema de carga y descarga, éste tiene que atender generalmente a dos modos de transporte bien definidos: el del transporte por carretera y el del ferrocarril, con los mismos condicionantes que ya habíamos comentado para la carga y descarga.

El principal objetivo de este subsistema es facilitar la recepción o entrega de mercancías de una manera rápida, pero que sea compatible, en condiciones de seguridad en la obtención de la información, con el elevado número de intercambio documental y, en suma, de información, que en él se precisa.

subsistemas de un puerto seco

Subsistema de interconexión interna

Es el que asegura el transporte horizontal entre los subsistemas anteriores. Comprende la solución tecnológica adoptada para los movimientos físicos y de información que se precisen.

Es necesario que los puertos secos estén dotados de las instalaciones donde realizar el intercambio, del equipo necesario para manipular el tipo o tipos de mercancías para el cual esté diseñada y del conocimiento de la gestión y de la mano de obra especializada para llevar a cabo operaciones y tareas requeridas.

La principal labor del subsistema de interconexión es servir eficazmente como medio de distribución interior, atendiendo a los requerimientos específicos que le exijan los demás subsistemas. Son exigibles a este subsistema, la rapidez adecuada, la seguridad (minimización de los accidentes), la fiabilidad mecánica, así como la correspondiente al funcionamiento lógico, es decir, la reducción o eliminación de errores en entregas.

Zona de servicio

La zona de servicio comprende las zonas de clasificación de la mercancía, los edificios para oficinas, la sala de control, las puertas, los accesos, etc. Suele ocupar el 10% de la superficie total y se concentra en la franja superior de la terminal. En cuanto a los edificios e instalaciones más usuales son los siguientes: zona de reparación de contenedores, aparcamiento de vehículos ligeros, edificio de administración, entrada de la terminal, zona de consolidación/desconsolidación de la mercancía, aparcamiento de chasis y cabezas tractoras, edificio de mantenimiento, centro de transformación de la terminal, estación de combustible, instalación de lavado de la maquinaria de manipulación de los contenedores, etc.


Nota: todas las imágenes de las que no se ha citado la fuente, están tomadas del Puerto Seco de Madrid (Coslada).

Los cálculos de demanda que hice para «20 minutos»

Ayer se publicó el siguiente artículo en el diario “20 minutos”, en el cual se me citaba:

Artículo que se publicó ayer en "20 minutos" acerca de la infrautilización de estaciones de Metro
Artículo que se publicó ayer en «20 minutos» acerca de la infrautilización de estaciones de Metro

Todo empezó cuando Ángel Calleja, de “20 minutos” le pidió a Adri, de ecomovilidad.net, su opinión acerca de la infrautilización de algunas estaciones de Metro de Madrid, sobre todo de las últimas ampliaciones de la red.

Ángel aportaba los siguientes datos para justificar la infrautilización:

En la L9, por ejemplo, Mirasierra tiene 2.992 pasajeros de promedio en día laborable, por los 50.000 beneficiarios que, se supone iba a tener.

En la misma L9, el tramo de Arganda inaugurado en 1999, tiene 982 usuarios en La Poveda y 1.084 en Rivas Vaciamadrid.

En Metronorte (ampliación de la L10), las estaciones de La Granja, Manuel de Falla, Baunatal y Reyes Católicos no llegan a 2.000.

Valdecarros, en la L1, solo alcanza los 1.786.

El Capricho, en la L5, tiene 1.776.

En Metroeste (L7), Hospital de Henares y Estadio Olímpico están por debajo de 700 viajeros/día de promedio. Henares, Jarama y Barrio del Puerto están por debajo de 2.000.

En la L11, Pan Bendito (1.438) y La Fortuna (1.092) tampoco cumplen las previsiones. Ésta última, además, es final de línea y se suponía que iba a dar servicio a 15.000 vecinos.

En Metrosur, pese a que la demanda es mayor en sus estaciones, en 2011 sólo alcanzaba los 102.000 usuarios al día, cuando se esperaba que tuviera 140.000 al día ya el primer año.

Si vemos estos datos por separado, efectivamente, el uso no justifica la construcción de estas estaciones. Pero, ¿qué pasa si analizamos el sistema en su conjunto?

Mi respuesta (cálculos de demanda en promedio)

Adri, además de dar su respuesta, nos escribió al resto del equipo de ecomovilidad. net y yo respondí con el siguiente email:

Buenas,

Ando ahora mismo liado con la Tesis y no le puedo dedicar al tema tanto tiempo como me gustaría, pero os paso unos estadillos. Eso sí, son por línea, no por estación. Así que trataré de sintetizar y dar un número final.

Elección del medio de transporte según la demanda. Fuente: apuntes de Economía del Transporte (5º curso de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos)
Elección del medio de transporte según la demanda. Fuente: apuntes de Economía del Transporte (5º curso de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos).

Fijaos en la primera imagen: para que hubiera que poner metro para demandas tan bajas, la frecuencia estimada es de más de 30′. Obviamente, eso contradice el sentido común, pero bueno… el Metro de Valencia tiene tramos periurbanos con esas frecuencias. Eso sí, en los feeder, no en la red principal. El concepto de feeder Ángel, son los tramos que se abren en ramales. En el ejemplo de MetroValencia, hay servicios de la línea 1 que acaban en Torrent, otros en Torrent Avinguda y otros en Vilanova de Castelló. Torrent Avinguda y el tramo Torrent-Vilanova actúan como feeders. En el otro extremo de la línea pasa lo mismo. Así, sólo el tramo central tiene más frecuencia. 

Para que de verdad estuviera justificado el Metro con frecuencias razonables, hay que irse entre 5.000 y 10.000 pasajeros/hora (más cerca de 10.000, así que en las cuentas usaré 9000 pasajeros/hora). Teniendo en cuenta que Metro opera unas 18 horas, pero algunas con demanda bajísima y otras con demanda muy baja, se pueden suponer «16 horas de uso uniforme». Necesitaríamos, por tanto, unos 144.000 pasajeros/día. En una línea de unas 25 estaciones, estamos hablando de que harían 5.760 viajeros/día y estación. Y esto ya es el minimísimo. 

Podemos hacer el mismo ejercicio pensando que hay líneas con menos estaciones, como la 8 y la 11 y ver que haya un equilibrio de forma que para estaciones con poco uso, haya otras que «soporten» el coste de su infrautilización con una «sobreutilización»: serían 144.000 pasajeros/día * 13 líneas = 1.872.000 viajeros/día (esta cifra es el número de pasajeros estricto para que el conjunto de la red no esté infrautilizado). Como hay 326 estaciones, harían falta en media, unos 5.742 viajeros/día y estación. En este supuesto, aunque el número es muy similar, si una estación absorbiera 10.000 viajeros, otra podría tener sólo 1.484 viajeros/día y estación y eso no desequilibra la rentabilidad financiera salvo que dé la casualidad de que la estación infrautilizada sea la más cara. Y, ni eso, porque una estación se amortiza en unos 100 años y eso no hay que perderlo de vista. Las infraestructuras no deben pensarse para 10 años vista sino para plazos mucho más amplios.

Y para frecuencias de 2’ es difícil que se opte por el bus, con lo que en la dicotomía madrileña «o bus o directamente metro» se ha optado por el último dimensionando toda la red para los periodos de punta (que es lo que hay que hacer).

¿Qué problema surge? Que en los periodos de valle, la infraestructura queda con una demanda ridícula respecto a la oferta. Así, hay estaciones como Arganzuela-Planetario, que no se usan prácticamente nada. No por eso es injustificada por dos motivos: el primero, estamos ante un servicio público y tiene que tener un retorno social y no sólo rentabilidad económica; el segundo y más importante es que la planificación del transporte se ha adelantado a la urbana. En esa zona, el uso industrial está dando paso al residencial mixto (con servicios) y se está generando una nueva centralidad de la demanda, así que lo mismo en unos años es una estación utilizadísima.

Esto, ya digo, sería el mínimo. Para frecuencias medias diarias, de unos 4′ a lo largo del día, la demanda debería ser de 25.000 pasajeros/hora. Con las 16 horas uniformes que os decía y en una línea de 25 estaciones, estaríamos cerca de los 16.000 viajeros/hora y estación. Obviamente, en media. Como os he dicho, la baja demanda de una estación se podría cubrir con una alta en otra. En lo que no me puedo parar por la falta de tiempo es a hacer el ejercicio de si de verdad el sistema se reequilibra. Me supongo que con tanta línea periférica, la respuesta será que no, pero no tengo datos para afirmarlo. 

Clasificación de los medios de transporte urbano según su capacidad y su velocidad
Clasificación de los medios de transporte urbano según su capacidad y su velocidad. Fuente: apuntes de Economía del Transporte (5º curso de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos).

En la segunda imagen veréis que el bus sin plataforma reservada tiene una velocidad comercial muy reducida frente al metro. Quizá la elección modal en Madrid venga de ahí y, con la cobertura que se pretende de más de 2/3 de la población hay que poner, como bien dice Adri, estaciones más o menos cada kilómetro y, claro, es imposible que ninguna caiga en un sitio que no sea ni generador ni atractor de viajes.

Espero que sirva todo esto y siento no poderle dedicar más rato. Ya me gustaría, porque podría salir algo muy chulo.

El resultado

El texto que apareció fue el siguiente:

Samir Awad, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos especializado en transporte, subraya que un servicio público como el metro debe tener un retorno social (reducción del tráfico y la contaminación, mejora de la movilidad). Sin embargo, advierte de que la existencia de tantas ampliaciones hacia la periferia puede provocar que, siendo adecuada la infraestructura en la hora punta, muchas estaciones queden con una demanda «ridícula» en las horas valle, lo que implica desequilibrios en el sistema.

En realidad, me hubiera gustado transmitir mejor que no es que haya desequilibrios en la red de Metro, sino que el sistema se puede reequilibrar y admite que haya estaciones con “una demanda ridícula” si, a cambio, en la misma línea, hay estaciones utilizadas muy por encima de la media. Supongo que no quedó del todo claro y, por eso, quería escribir este post.

Prometo hacer el análisis que decía sobre el equilibrio del conjunto de la red, pero aparecerá en ecomovilidad.net, puesto que tuve acceso a los datos gracias a Adri.

Además, me gustaría añadir, creo que en nombre de todos los editores de ecomovilidad.net, que no es que haya que “cerrar, si es necesario, tramos de Metro en los periodos menos utilizados, como por las noches o en fines de semana” así sin más, sino que lo vemos como una medida que tiene que venir complementada por otras, como la puesta en marcha de servicios de autobús sustitutorios. Es decir, operar de forma más barata tramos horarios que tienen poca demanda, pero sin dejar tirado a nadie ni premiar el uso del vehículo privado.

¿Qué son y qué deberían ser las SmartCities?

No pretendo realizar, con este post, un análisis sesudo de lo que se entiende académica e institucionalmente por SmartCity, sino presentar mi opinión sobre el enfoque que se le está dando al concepto y el que creo que debería tener. Sí que quiero, sin embargo, presentar una serie de ideas en bruto, a desmenuzar en futuros artículos que se centren en partes concretas de esta introducción. Y quiero dejar claro que estoy dando únicamente mi opinión, que no tiene que ser necesariamente una verdad universal. Es, más bien, una idea formada a través de mis lecturas, que pueden estar sesgadas.

¿Qué son y qué deberían ser las SmartCities?
Fuente: ec.europa.eu

Desde hace un tiempo, las SmartCities están en la agenda política. No hay ciudad que se precie que no quiera estar en la vanguardia que supone ser una ciudad inteligente. Sin embargo, nadie parece saber bien qué son ni por qué se las puede considerar inteligentes. Este hecho me recuerda a cuando todas las ciudades querían tener su Agenda 21 Local pero sin asumir qué retos tendrían que afrontar para cumplir estos documentos.

Así, para mí, tal como se está configurando la idea de qué es una SmartCity, se está recorriendo mal el camino ya desde el inicio, debido a que se está mirando el problema de la gestión de las ciudades desde el prisma equivocado. Se ha puesto sobre la mesa un debate ciertamente estéril: el “uso de las TICs porque sí”, supongo que por la visión comercial de los lobbies implicados en el desarrollo de la idea, mayoritariamente centrados en proyectos tecnológicos e industriales.

De este modo, la preocupación surge de dónde aplicar las tecnologías para estandarizar y automatizar todos los servicios ciudadanos y no tanto de cómo éstas pueden cubrir demandas de los ciudadanos (no es banal esta denominación, pues devuelve a los habitantes de las ciudades una condición que han perdido y deben recuperar).

Sin embargo, según entiendo las SmartCities, el discurso debería basarse en los motivos para el uso de esas tecnologías. En el fondo, las ciudades demandan una planificación y una nueva forma de gobernanza, mucho más participadas por la ciudadanía y que permitan que las ciudades resulten mucho más eficientes (en tres frentes fundamentalmente: edificación, movilidad y sistemas energéticos).

Desde esta perspectiva, puede resultar mucho más inteligente una ciudad entendida como un ecosistema, accesible, amable,  bien planificada, compacta, con mezcla de usos pensada a tres niveles, que una ciudad repleta de sensores y cámaras de vigilancia (que bien puede recordarnos a la novela 1984).

¿Qué son y qué deberían ser las SmartCities?
Fuente: programme2013.worldwaterweek.org

No debemos perder de vista qué ciudad queremos vivir o crearemos nuevos problemas de dependencia, como ya pasó en su día por culpa del mal uso del vehículo privado motorizado.


 

 

 

 


Actualización 24-11-15

Parte 1 de la actualización

Ayer, comentando el tema con un amigo, me dio dos ideas que me parecen realmente interesantes y que quiero compartir aquí:

– Por un lado, decía que la introducción de la tecnología en las ciudades genera una forma de gestión más complicada y, por tanto donde los técnicos vayan a mirar más las cifras y menos los sentimientos de los ciudadanos. Esta afirmación la «mediocomparto» nada más, pero ahí queda la reflexión.

– Por otro lado, me decía que si las ciudades abren sus datos a ciudadanos individuales no hay problema, pero que es diferente el hecho de que esos datos lleguen a grandes empresas tecnológicas. ¿El motivo? Para ellas, la información es algo valioso, que obtienen gratis y venden caro. ¿Cabría la posibilidad de cambiar los roles proveedor-cliente? ¿Podría suponer la información una forma de pago por la tecnificación de las ciudades? ¿O incluso financiarlas a través de tarifas? En este punto hay muchos más interrogantes que certezas, pero quizá estaría bien abrir el debate.

Parte 2 de la actualización

Ya están aceptadas la mayor parte de las normalizaciones de AENOR para Ciudades Inteligentes, menos 5 que están en periodo de información pública. Una de ellas es en la que participé: PNE 178501 – Sistema de gestión de los destinos turísticos inteligentes. Requisitos. No sé si cumple al 100% con lo que deben ser las ciudades como destinos turísticos, pero bueno… hice lo que pude.

La ciudad del siglo XXI y los nuevos paradigmas de la bicicleta en el escenario urbano (2ª parte)

Segunda parte de la ponencia de Gianni Rondinella (TRANSyT – UPM) y Màrius Navazo (Gea21) en los «Seminarios grupos de expertos DGT», que se celebraron el sábado 2 de Marzo de 2013 en Salamanca, titulada «La ciudad del siglo XXI y los nuevos paradigmas de la bicicleta en el escenario urbano. Papel y perspectivas de la movilidad ciclista en la ciudad actual». Puedes leer la primera parte haciendo clic en el siguiente [enlace].


3. La introducción de la bicicleta en la ciudad.

Los ‘modelos’ que indican la dirección son herramientas muy potentes que sin embargo pueden estar mal usadas. En el tema de la introducción de la bicicleta en la ciudad, básicamente hemos visto la persecución de un único modelo para obtenerla: su introducción en la ciudad tenía que pasar por la provisión de los comúnmente llamados “carriles bici”, siguiendo el modelo que ha funcionado en países del Norte de Europa, considerados “más avanzados”. Pero, pensar en la bicicleta solo como una cuestión de carriles bici es muy problemático porque supone la conservación del mismo modelo de movilidad urbana en el cual la mayoría, por no decir todas, de las ciudades modernas está atascado.

Reducir la introducción de la bicicleta a la construcción de carriles bici (por supuesto solo donde haya espacio para construirlos o donde no estorbe la normal circulación), dejaría intacto el dominio del automóvil en las calles y, encima, agravaría y haría más peligrosos los inevitables conflictos con los vehículos motorizados, ya que trasladaría esos conflictos a las intersecciones, las cuales son, por definición, inevitables en un mallado urbano y donde está probado que el riesgo de accidentes es mayor. La habilitación de vías segregadas para el exclusivo tránsito ciclista, es inviable para la gran mayoría de las calles urbanas y, cuando posible, deja intacta la vulnerabilidad de los ciclistas en las intersecciones.

Incluso en esas ciudades europeas con larga tradición ciclista tomadas como modelo, la experiencia insiste sobre las virtudes de una combinación entre las dos filosofías existentes, la segregación de las redes ciclistas vs. su integración con el resto del tráfico, recomendando:

– integrar los distintos tráficos y hacer un uso mixto del viario siempre que sea posible, transformando todas las calles de un sector urbano en aptas para circular en bici, es decir limitando con técnicas y normas que ya son bien experimentadas, la velocidad y los derechos de los vehículos motorizados;

– segregar, con la creación de una infraestructura especifica, solo en las situaciones donde sea estrictamente necesario por la presencia de altos volúmenes de tráfico y velocidades que no puedan limitarse por debajo de los 50km/h (arterias urbanas de alta capacidad, grandes avenidas y puentes).

Existen varios ejemplos de aplicación de este enfoque en ciudades del resto de Europa, sin embargo creemos que las ciudades españolas (así como el resto de ciudades del Sur de este continente) deberían buscar modelos propios y más acordes con sus especificidades. En comparación con las ciudades de esos países y a pesar de los procesos globales mencionados antes, nuestras ciudades siguen siendo más compactas, con edificaciones más verticales, con más densidad de usos, donde las distancias son más cortas y con calles muchas veces estrechas. Esto supone vivir mucho más en la calle, por climatología y por estilo de vida, estar en la calle, encontrarse y relacionarse en la calle, disfrutar de la calle. Y todo eso se hace andando. Por lo tanto la peculiaridad de nuestras ciudades es contar necesariamente con una gran masa de peatones desplazándose por las calles, muchos más que coches, muchos más que bicis.

La ciudad del siglo XXI y los nuevos paradigmas de la bicicleta en el escenario  urbano (2ª parte)

La fuerte presencia de peatones en nuestras calles es algo que no nos podemos permitir el lujo de perder con el afán de “favorecer el uso de la bicicleta” sin más. Las calles ‘habitadas’ son un valor inestimable para el modelo de ciudad mencionado anteriormente y sería absurdo no valorar lo suficiente algo que otros quisieran y que aquí tenemos ya “a pesar de” las condiciones desfavorables. Las calles ‘habitadas’ son un valor que corremos el riesgo de perder si las políticas de movilidad se limitan a incrementar la oferta de modos de transporte (en este caso la bicicleta) sin restar opciones al automóvil. Es decir, si se seguirá proporcionando más aparcamientos, habilitando nuevas vías rápidas, promocionando la dispersión de la población y la deslocalización de las actividades, etc.

Corremos el riesgo de perder ese gran valor de vida en nuestras calles también si seguimos con el afán de la seguridad, que alimenta circuitos viciosos generados por la compensación del riesgo, alejando las personas de las calles. Sin embargo este es un tema que no es posible discutir en el espacio acotado de esta ponencia.

Resumiendo, la introducción de la bicicleta en la ciudad pasa por cuestionar el papel del coche (sus velocidades, sus intensidades, su facilidad de aparcamiento, su priorización, etc.) y esto, evidentemente, está asociado al necesario cambio modal que deben conseguir los PMUS, siempre y cuando el marco regulatorio y de gestión vigente contemple la posibilidad de un ‘modelo’ de calle distinto del actual.

La ciudad del siglo XXI y los nuevos paradigmas de la bicicleta en el escenario  urbano (2ª parte)

4. ¿Cómo avanzamos? ¡Cambiemos las reglas del juego!

Ante todo lo expuesto hasta aquí se hace patente la necesidad de avanzar hacia ese nuevo modelo de ciudad y de calle, que nos es solo un modelo de movilidad, sino de convivencia y de inclusión.

Pero esta necesaria transformación, dado que debe ser global en el conjunto del espacio urbano (en vías principales, secundarias y locales), no podemos pensarla en base a reformas urbanísticas. No se trata de una reflexión para los tiempos de crisis económica actual, sino de buscar una eficiencia en la gestión de los recursos y en la ejecución de una de las pocas competencias íntegramente municipal: la ordenación del espacio público. Para tal efecto, parece claro que las obras de reconstrucción no podrán ser nunca una actuación generalizable (tal y como necesitamos), sino que deberán continuar siendo actuaciones singulares. Por lo tanto, la alternativa a un cambio que pueda ser global, e implementado en pocas legislaturas, debe alcanzarse a través de actuaciones que prácticamente no supongan obra alguna en las infraestructuras existentes (calles), sino que modifiquen estas infraestructuras heredadas con actuaciones blandas, que cambien los usos regulados hoy a través de medidas de gestión y señalización, ejecutadas físicamente a través de pintura y mobiliario urbano sobre la calzada. Esto es lo que venimos a llamar cambio de las reglas del juego.

Cambiar las reglas del juego es rápido y económico (como mínimo en comparación con la ejecución de obras). Cambiar las reglas del juego comporta aceptar que el ‘tablero del juego’ es el que es hoy: las calles, con sus calzadas generalmente anchas, sus bordillos, sus aceras generalmente estrechas, sus hileras de árboles, etc. Este patrimonio ha sido muy costoso y si su estado es aceptable no debe ser modificado, sino aprovechado y amortizado. Por lo tanto, no vamos a cambiar el tablero (que es generalmente el objetivo de las obras), sino únicamente las reglas del juego con las que jugamos en este tablero.

Cambiar las reglas del juego significa cambiar los usos hoy regulados para unos usuarios a favor de otros. En otras palabras, apropiarse de parte del espacio que la ciudad actualmente destina al coche. Puesto que el uso del coche es el predominante en nuestras ciudades, que dificulta la convivencia con otros usos y usuarios de la ciudad, sólo podemos obtener nuevo espacio reduciendo el hoy dedicado al coche. Difícilmente podemos pensar en substraer espacio dedicado a los peatones, a los ciclistas o al transporte colectivo, pues generalmente estos espacios son hoy deficitarios, si no minoritarios.

La ciudad del siglo XXI y los nuevos paradigmas de la bicicleta en el escenario  urbano (2ª parte)

Algunos ejemplos de cambio de las reglas del juego serían convertir carriles convencionales o de aparcamiento a carriles bici o bus; tarifar un cordón de aparcamiento; priorizar semafóricamente a la bicicleta o el transporte colectivo; convertir la calzada en un espacio compartido con los peatones, establecer un plan de sentidos de circulación que impida el tráfico de paso por dentro de los barrios, etc.

Todas estas medidas son de rápida implantación y de bajo coste económico. Y lo más importante: estas medidas tienen un gran potencial para transformar la ciudad porque sin necesidad de obras posibilitan alcanzar hitos tan significativos como potenciar la convivencialidad en el espacio público, inducir un uso del coche más racional, asegurar una velocidad competitiva y una puntualidad al transporte colectivo en superficie y garantizar la seguridad y el confort a los ciclistas y peatones.

A menudo se habla de todos estos hitos, pero se piensa que se necesitan muchos años para conseguir la financiación para modificar la ciudad. Pero esto es así porque se piensa únicamente en cambiar el tablero de juego; contrariamente, si la legislación estatal diera claramente cobijo a actuaciones blandas de pintura y mobiliario urbano sobre las calzadas, los gobiernos locales podrían extender rápidamente los cambios por toda la ciudad y transformar de manera palpable el espacio público en cada legislatura.

Con esto no quiere decirse que no deban ser necesarias actuaciones en base a obras, sino que no podemos esperar a realizar únicamente actuaciones estrella una vez los presupuestos locales lo permitan. Al contrario, las actuaciones que cambian las reglas del juego a menudo (no siempre) se pueden implementar aprovechando las partidas presupuestarias ordinarias (por ejemplo, la partida de mantenimiento de las calles). Y es en este sentido en el que deben centrarse esfuerzos, asegurando que incluso las actuaciones ordinarias puedan ser una oportunidad para modificar las reglas del juego. Pero aún más importante: una de las principales bondades de este tipo de medidas es el hecho que permiten realizar pruebas piloto, 100% reversibles. Y ante el temor a tocar el papel del coche en las ciudades, y ante las poderosas voces que a menudo se levantan en su defensa, poder realizar actuaciones reversibles (cosa imposible a través de obras) ayuda notablemente a limar las reticencias para avanzar en la transformación urbana. De hecho, esta es la manera como han ido avanzando en Nueva York desde el año 2008: a través de pruebas piloto que se evalúan posteriormente para decidir su continuidad, corrección o anulación.

Expuesto todo esto, la ponencia pretende mostrar diferentes ejemplos de transformaciones urbanas con medidas blandas. Comenzando por reconocer la jerarquización del viario como una primera medida fundamental de cambio de las reglas del juego, la ponencia muestra a continuación varias fotografías de rediseño de la calzada con mobiliario urbano en Cataluña. Después se muestran algunos ejemplos estéticamente más atractivos de Nueva York, para pasar a mostrar ejemplos de rediseño de la calzada también con pintura. Los distintos ejemplos se centran tanto en la transformación de vías principales para crear carriles bici o ampliación de aceras, como en la creación de espacios de convivencia y espacios peatonalizados.

5. Hacia una normativa que facilite la necesaria transformación

Si aceptamos que el cambio necesario en el espacio urbano exige transformaciones que sean rápidas, económicas y flexibles, entonces la legislación estatal debe apoyar a los ayuntamientos para implementar este tipo de actuaciones. Así, pues, es necesaria una legislación que no sea ambigua ante este tipo de medidas, sino que dé clara cobertura jurídica a las administraciones locales que quieran experimentar a través de transformar las calzadas de sus calles simplemente con señalización, mobiliario urbano y pintura.

La ciudad del siglo XXI y los nuevos paradigmas de la bicicleta en el escenario  urbano (2ª parte)

En la actualidad, son muchos los regidores y técnicos municipales que no se atreven a ubicar mobiliario urbano sobre la calzada por temor a un hipotético accidente y las responsabilidades ante la justicia que se derivarían. Sólo se atreven en calles prohibidas totalmente a la circulación motorizada. Pero la ambigüedad de la normativa respecto las zonas 30 (S-30) y las calles residenciales (S-28) disuade significativamente de que estas vías (que en el futuro deberían ser mayoritarias en el ámbito urbano) sean transformadas con medidas blandas. Por lo tanto, la normativa debería clarificar, en relación a las S-30 y S-28, los siguientes aspectos:

• Prioridad peatones S-30: la prioridad de los peatones en vías S-30 ¿se refiere a la calzada, también ante la bicicleta? ¿no son necesarios pasos de peatones?

• Elementos reductores de velocidad: ¿es necesario señalizar cada uno de ellos en las S-30? ¿y en las S-28?

• Elementos urbanos (terrazas bares, jardineras, bancos, etc.): ¿es necesario señalizarlos como peligros en las S-30? ¿deben situarse fuera calzada con una marca horizontal en calzada? ¿Y en las S-28?

Por último, simplemente mencionar que no es objeto de este apartado exponer todas las medidas normativas que serían necesarias para promover el uso de la bicicleta, puesto que daría para una ponencia entera. Únicamente se ha querido poner el foco de atención en uno de los aspectos (regulación de S-30 y S-28) que debe permitir concretar normativamente los criterios mencionados a lo largo de la ponencia.


Y, como guinda, un vídeo en el que se tratan parte de los conceptos expuestos en la ponencia:

La ciudad del siglo XXI y los nuevos paradigmas de la bicicleta en el escenario urbano (1ª parte)

La primera de las colaboraciones de este blog corre a cargo de Gianni Rondinella (TRANSyT – UPM) y Màrius Navazo (Gea21), que me han cedido tanto el texto como las imágenes. Se trata de una ponencia presentada en los «Seminarios grupos de expertos DGT», que se celebraron el sábado 2 de Marzo de 2013 en Salamanca. La ponencia se titula «La ciudad del siglo XXI y los nuevos paradigmas de la bicicleta en el escenario urbano. Papel y perspectivas de la movilidad ciclista en la ciudad actual».

Por la extensión del documento, he preferido dividirlo en dos partes. Aquí está la primera:


Resumen

La ponencia quiere poner de relieve el papel que ha de jugar la bicicleta en la transformación del espacio público de nuestros pueblos y ciudades. En este sentido, la primera parte de la ponencia  expone que la transformación del espacio público que hoy es necesaria es aquella que se centra en  conseguir que las calles vuelvan a ser un espacio de mezcla de funciones desplazamiento, disfrute, relación, etc.), bien diferenciadas de las carreteras (que únicamente sirven a la función desplazamiento). Ante este reto, las aportaciones positivas de la bicicleta son claras: es un dispositivo anti-velocidad y anti-lejanía, cualidades muy valiosas para frenar la pérdida de vitalidad del espacio público.

Siendo que la introducción de la bicicleta no debe nunca perder de vista el objetivo último de revitalizar el espacio público, en España debemos reconocer el gran valor que supone el hecho de ya contar con una gran masa de peatones; y esta fuerte presencia es algo que no nos podemos permitir el lujo de perder con el afán de “favorecer el uso de la bicicleta” sin más. Contrariamente, la introducción de la bicicleta debe cuestionar el dominio y papel del coche en la ciudad. Para tal efecto, se presentan ejemplos de actuaciones de transformación de calzadas con pintura y mobiliario urbano, las cuales deben ser la receta principal para abordar el cambio de manera efectiva y económicamente factible. Por último, se reflexiona sobre el necesario cobijo legal que debe prestar la normativa estatal a los gobiernos locales para poder ejecutar este tipo de medidas, eliminando las ambigüedades existentes en el marco legal vigente que desincentivan su amplia difusión.

1. Introducción: ¿Calles o carreteras?

En el lenguaje común está muy clara la diferencia que existe entre lo que es una ‘carretera’ y qué entendemos por ‘calle’. Frente a la naturaleza básicamente mono-funcional de una carretera (una infraestructura de transporte que permite desplazarse de un punto A a B, en un modo u otro de transporte), la calle en una ciudad así como en un pueblo, además de servir para desplazarse y
acceder a hogares y actividades, sirve también para muchas más funciones esenciales para la vida en común. Durante más de 5.000 años, las calles han sido un lugar de encuentro, de relación, de socialización, de comercio, del juego y aprendizaje de los niños, de las charlas entre los ancianos, han sido extensiones de nuestras casas, lugares donde se desarrolla nuestra vida pública como ciudadanos.

Sin embargo, en las ciudades contemporáneas la percepción común de la mayoría de las calles está asociada a un espacio ruidoso, contaminado, hostil, incluso peligroso… un espacio donde no nos apetece estar, dominado por el movimiento, básicamente el espacio entre edificios donde pasan o estacionan los coches. En el trascurso de pocas décadas la mayoría de las calles han ido mano a  mano perdiendo su múltiple naturaleza de enlace y de lugar, primando la primera a expensas de la segunda.

La planificación y la ingeniería de los transportes dentro los ámbitos urbanos han ido expulsando (o confinando en plazas y parques) el resto de funciones urbanas, para facilitar y ‘asegurar’ los desplazamientos motorizados, erosionando así la propia esencia de la ciudad. Las personas, viviendo el espacio en frente de sus casas o sus lugares de trabajo, han pasado a ser peatones, con roles y reglas que era mejor respetar para no jugarse la vida, los niños ‘escoltados’ al colegio y a las aéreas de juego, las mayoría de funciones sociales confinadas en sitios especializados. La planificación de los transportes ha monopolizado y se ha apoderado del espacio entre fachada y fachada para únicamente desplazar personas y mercancías en distintos modos de transporte.

La ciudad del siglo XXI y los nuevos paradigmas de la bicicleta en el escenario  urbano (1ª parte)

Solo recientemente empieza a haber un consenso siempre mayor entre quienes estudian los fenómenos urbanos, y poco a poco también entre los decisores públicos, que la calidad de las calles y el espacio público contribuye de muchas formas a la vida económica, social y ecológica de las ciudades y que descuidar las demás funciones urbanas lleva a muchos problemas y muchos costes.

Se ha puesto entonces de manifiesto la necesidad de acabar con el monopolio del espacio urbano por parte de la movilidad, no por capricho o romanticismo, sino porque forma parte de los mayores retos contemporáneos fijados por el marco de la legislación vigente (temas de salud público como el sedentarismo, ruido, calidad del aire y seguridad vial; temas de inclusión social, de ahorro energético, etc.).

La ciudad del siglo XXI es la ciudad que recupera sus calles como elementos que estructuran su ser, como elementos que permiten la buena vida de sus ciudadanos, que hacen la esencia, el atractivo y la ventaja de la vida urbana: concentrar multitud de oportunidades, de trabajo, de relaciones, de servicios, en espacios relativamente reducidos y próximos… es decir, las razones por las cuales se crearon las ciudades hace 5.000 años, cuando las poblaciones nómadas llegaron a apreciar los beneficios de reducir las distancias para aumentar las relaciones humanas y con ellas los negocios, las artes, las innovaciones técnicas.

En esta ponencia partimos de la convicción que la distinción calle/carretera es esencial para plantear correctamente cuales son los escenarios para una nueva movilidad ciclista en la ciudad actual. Una distinción que tiene mucha envergadura técnica además que política, y que tiene que recogerse en las herramientas técnicas de planificación, de diseño, de gestión y de regulación como son las que nos ocupan en este seminario*.

2. La bicicleta: una herramienta para la transformación urbana

A la vista de lo expuesto en el apartado anterior, la pregunta es si la introducción de la bicicleta en las ciudades contemporáneas de España nos ayuda o nos dificulta avanzar hacia el modelo de ciudad que queremos. Hablamos de ‘modelo de ciudad’ como dispositivo conceptual que nos debe ayudar a imaginar el futuro, dando claves para orientar la acción en el presente. Y son modelos que queremos, no son fruto de herramientas técnicas, sino de voluntad política, es decir de prioridades que asignamos a algo que nos importa colectivamente a través de construcción de consensos y sentido compartido. En este caso es el modelo de calles que queremos, las prioridades que asignamos a cada uso en el espacio público.

Si el modelo es un espacio público con diversidad de usos y usuarios, debemos necesariamente pasar desde la competencia entre modos de transporte hacia una competencia entre usos urbanos. Y para resolver esta competencia, otra vez, las respuestas no se pueden encontrar en la técnica, ya que el espacio público es un recurso natural finito, muy escaso y no infinitamente repartible. El reto es pasar de unas calles actuales diseñadas dejando la máxima libertad posible de circulación y aparcamiento de coches (calles pasillo) hacia un modelo donde las calles sirvan para todo, no solo desplazarse; donde las funciones urbanas básicas constituyan una red, que no necesiten desplazarse para acceder a ellas (calles habitación).

La ciudad del siglo XXI y los nuevos paradigmas de la bicicleta en el escenario  urbano (1ª parte)

En esta óptica, la introducción de la bicicleta en la ciudad tiene el potencial no solo de cambiar la manera en que nos movemos en ella, sino muchos más aspectos de nuestras vidas cotidianas: que nuestras ciudades sean más habitables, más vitales, más  tranquilas, más diversas, más seguras, además de más limpias… Los que son algunos de los beneficios del uso de la bicicleta – que damos por sentados y en esta ponencia no repetimos – y que se podrían conseguir si se toma en serio su papel, y -junto a ella- los desplazamientos peatonales y en transporte público en la organización de la accesibilidad de una ciudad.

La gran contribución de la bicicleta a la ciudad, sobre todo a las grandes urbes, está en su capacidad de ‘humanizar’ el espacio público tan gravemente devastado por los procesos de desarrollo que han llevado a organizarlo en función de agilizar los flujos (de vehículos, de mercancías, de renta), volverlos más rápidos, más lejanos y más dependientes de inputs adicionales de energía. Desplazarse a pie, en bici o en transporte colectivo, hace que los espacios públicos, las calles in primis, sean lugares vitales, diversos y seguros.

La bicicleta tiene la gran ventaja de ser un dispositivo dinámico de contraste a dos de los procesos más graves de deterioro de la vida urbana: la velocidad y a la lejanía. Por un lado, actúan como elemento de calmado de tráfico, limitando velocidades, intensidades y agresividad del tráfico motorizado; por el otro, como elemento de concentración de actividades, ya que quien descubre las ventajas del moverse en bicicleta, tenderá a preferir y priorizar destinos y funciones más próximas, más accesibles y más barriales.

Estos beneficios no son abstractos, ya que muchas ciudades están empezando a entender el potencial de ‘cura’ de la bicicleta y empiezan a actuar para que su uso sea posible, reconocido y priorizado por encima de los derechos de los vehículos motorizados… La bicicleta no es una panacea para todos los problemas urbanos pero, si realmente se integra en el sistema de movilidad de la ciudad y en su paisaje, puede contribuir a frenar e incluso a invertir algunos de sus procesos patológicos.

En esta ponencia queremos subrayar la importancia que la DGT recoja las dos vertientes de ‘cura’ que ofrece la bicicleta: como dispositivo anti-velocidad, lo que está plenamente dentro de sus competencias; pero incluso como dispositivo anti-lejanía, aunque no está en sus competencias, en una óptica holística de apoyo a la planificación urbana que es también en temas de energía, salud, seguridad… todos ámbitos nacionales.

 

* Un ejemplo de la importancia de esta distinción se puede encontrar en el Reino Unido, donde la agencia gubernamental de los transportes (DfT) tiene dos distintos manuales técnicos de diseño y gestión: uno para las calles, donde se reconocen las  funciones sociales, y otro para las grandes arterias urbanas asimiladas a las carreteras y los puentes: Manual for Streets (MfS) y Manual for Roads and Bridges (DMRB).


Para seguir leyendo esta colaboración, haz clic en el [enlace].

El blog de Samir Awad Núñez

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