Quiero empezar aclarando que, aunque el tema del Paseo de la Gastronomía puede resultar raro para este blog, en el fondo no lo es. La rehabilitación de espacios es un asunto de rabiosa actualidad y que en los últimos tiempos se ha entendido como una necesidad para garantizar la sostenibilidad de las ciudades a través de un aumento de la complejidad de las ciudades a la vez que se mantiene su compacidad al evitar la ocupación de nuevos suelos. De hecho, esta apuesta por la rehabilitación como instrumento preferente a la nueva construcción se plasmó en la Ley 8/2013, de 26 de junio, de rehabilitación, regeneración y renovación urbanas.

Y, bueno, de paso hablo también de otra de mis grandes pasiones que es comer bien, algo que he hecho en algunos de los restaurantes que voy a citar porque, como “vecino” del Paseo de la Gastronomía, algunos de los eventos de mi familia se han celebrado en estos lugares.


El 20 de mayo de 1950 se inauguró en la Casa de Campo la I Feria Nacional del Campo, un evento organizado por las Hermandades Sindicales de Labradores y Ganaderos para el cual todas las provincias de España construyeron sus respectivos pabellones, representativos de los estilos arquitectónicos de cada región.

Dado el enorme prestigio que adquirió la feria en su primera edición, tomó carácter internacional en 1.953, y se mantuvo vigente hasta 1.975, habiéndose celebrado un total de 10 ediciones. Y, con el fin de las ferias, el espacio quedaba a expensas de buscarle un nuevo uso.

Pasaron los años y en la zona se instalaron progresivamente tres restaurantes que forman parte de la historia gastronómica de la ciudad: El Currito, Guipúzcoa y A Casiña. Tras más de 15 años con estos tres restaurantes en la zona, en 2002, la empresa municipal Campo de las Naciones (ahora Madridec, Madrid Espacios y Congresos), acometió un plan para mejorar la zona, habilitar accesos, crear aparcamientos y dotarlo de un servicio de seguridad permanente (se invirtieron más de sies millones de euros en el acondicionamiento de la zona, urbanización, luz y renovación del mobiliario urbano).

Fue entonces cuando el Ayuntamiento sacó a concurso el resto de pabellones que supuso la llegada de otros siete locales: Ondarreta, El Bosque Sagrado, El Caserón de Araceli, El Colonial de Mónico, El Palacio de la Misión, La Masía de José Luis y La Pesquera. La zona pasó a denominarse “Paseo de la Gastronomía” (en realidad se llama Calle Principal de Provincias), el cuál era un proyecto creado por la Empresa Municipal Campo de las Naciones, antecesora de Madrid Espacios y Congresos, con el objetivo de convertir esa zona en un paraíso de la gastronomía, en un espacio único localizado dentro  de la Casa de Campo, a tan sólo cinco minutos del centro de la ciudad y perfectamente comunicado por transporte público (en Metro, desde las estaciones de la línea 6, Alto de Extremadura y Puerta del Ángel y desde la línea 10, con parada en Lago. En autobús, hay varias líneas que pasan por el Paseo de Extremadura y que permiten llegar en menos de 10 minutos: 25, 31, 33, 36, 39, 65, 138 y CM-6. Y también es muy fácil llegar en bicicleta a través del Anillo Verde Ciclista y el carril de la Avenida de Portugal). Otros edificios pasaron a utilizarse como parte de los servicios de los recintos feriales o como sedes de la Cámara Agraria y la Dirección General de la Policía Municipal.

Pero poco más de 10 años después, el espacio se está yendo al traste. Hace ya cinco años, los restaurantes se quejaban de una bajada importante en el número de clientes debido a la prostitución, el cierre al tráfico de la Casa de Campo, la falta de apoyo institucional en la promoción del espacio (es cierto que incluso la señalización del lugar es bastante mejorable) y las obras de Calle 30 (esto último es ciertamente discutible porque ahora ir allí andando es un gusto y antes era imposible… pero bueno…). Pero, bajo mi punto de vista, lo que más debió influir fue el traslado de los congresos a los recintos del Campo de Las Naciones.

Mientras la recaudación diaria bajaba y el paseo se degradaba (baches, cortes de agua y problemas de luz), el Ayuntamiento aumentaba el canon hasta los 13.000 euros mensuales, a pesar del incumplimiento de gran parte de las promesas municipales para revitalizar la zona. Así, de los 10 restaurantes que llegaron a estar abiertos, sólo cuatro habrían a diario en 2013 y, tras el cierre de Currito en octubre de 2014, ya sólo quedan 5 locales abiertos, dedicados únicamente a celebraciones.

¿Estamos ante la siguiente búsqueda de uso para el espacio? ¿Se creará un sustrato previo que garantice la viabilidad del nuevo uso? ¿Se hará participar a la ciudadanía del nuevo uso? Todo esto lo responderá el paso del tiempo.