En pocos días, el 7 de agosto, urbanismoytransporte.comcumplirá 2 años. Durante los primeros meses publiqué 2 veces por semana, hasta que se volvió inasumible. De hecho, gran parte del mérito de poder mantener ese ritmo radicó en haber escrito mucho en Líbano durante las vacaciones de 2014 (y a estar trabajando en un lugar donde sabía que sí o sí, salía a diario a las 18.30h). Ahora, 2 años después, llevo más de un año publicando cada jueves sin falta y más de un año encargándome de «las tripas del blog».
Tengo que reconocer que, aunque me encante escribir por aquí de temas tan diversos como el transporte del futuro o cómo se puede reclamar a Renfe si tu tren se retrasa y aprenda un montón tanto a nivel técnico como administrativo, que estoy cansado. Así, antes de que la calidad del contenido decaiga (aún más), prefiero darme un mes de vacaciones (durante el cual no actualizaré ni el blog ni haré mucho caso de las redes sociales) y luego ver cómo puedo reorientar el blog para no perder el buen posicionamiento que tiene si paso a publicar con menos regularidad.
Respecto al año pasado, el blog ha triplicado el número de visitas (de las 30.000 del año pasado, este años han sido más de 98.000) y eso se ha traducido en más seguidores en redes sociales y suscriptores en la newsletter y en Feedly. Y no todos en España (de hecho muchos son de fuera). ¿Eso qué quiere decir? Que como este año vamos a celebrar el aniversario regalando un libro, lo del sorteo me puede salir por un pico como le tuviera que mandar el libro a alguien al otro lado del Atlántico o en la otra punta de Europa. Así pues, mis deberes pasan por decidir cómo hacer para regalarlo. De momento, os dejo por aquí una foto del libro «La conquista de lo imposible. El canal de Panamá», ¡por si se os ocurre cómo queréis ganarlo!
Además, os recuerdo que podéis uniros a nuestro canal de Telegram para recibir contenidos interesantes tanto del blog como de otros lugares:https://telegram.me/urbanismoytransporte. Aunque durante agosto no publicaré, si veo algo interesante por Líbano en cuestión de urbanismo y transporte, es bien probable que lo mande a través de este canal.
Hoy toca continuar con la serie de contenidos de viajes. Este post lo he pospuesto varios meses. De hecho, estuve por Varsovia hace ya más de tres meses… Pero, por unas cosas o por otras, lo he ido dejando y ya no tengo tan presente todo lo que me hubiera gustado contar, de modo que el artículo no será nada detallado (como sí he hecho en otras ocasiones) sino que serán unas pequeñas notas que tomé al respecto:
1. Varsovia es la capital y la ciudad más grande de Polonia y, su población, por encima de 1,7 millones de habitantes (casi 2,8 millones de habitantes en el área metropolitana), la convierte en la novena ciudad más poblada de la Unión Europea. Sin embargo, su configuración “en varios módulos” (Centrum, centro urbano tradicional, ribera del Vístula, barrio de Praga –lo único que quedó en pie de la ciudad tras la IIGM–) y la amabilidad de la mayor parte de la ciudad hacen que dé imagen de ciudad pequeña, cercana,… Eso sí, llama muchísimo la atención que en un minuto caminando, cambias de calle y a veces parece que cambiaras de ciudad porque pasas de zonas con parques, patios centrales y prioridad peatonal a calles 100% diseñadas como autovías y que son completamente hostiles. Digamos que, como las que hay en todas las ciudades grandes europeas, pero sin esa transición entre tramas tan diferentes que suele haber. Bueno, eso y la grandísima extensión que la hace inabarcable caminando. Supongo que son cosas de la planicie…
Vista de Varsovia desde el Palacio de la Cultura y la Ciencia (Pałac Kultury i Nauki). A lo lejos todas las montañas polacas (hay que leerlo con tono irónico)
2. La movilidad peatonal es peculiar en el entorno de Centrum, donde no existen cruces en superficie, sino que se realizan en galerías que, si bien tenían una accesibilidad muy reducida, es bien cierto que resultan muy animadas, están bien iluminadas, están llenas de un comercio que funciona francamente bien, están vigiladas por la noche,… Nada que ver con los subterráneos que solemos tener en España. Y, pensando en cómo puede ser el invierno en Varsovia (en abril íbamos todos en abrigo. Aunque nos los quitamos en algún momento), es posible que sean lugares que resulten muy útiles para resguardarse.
Entrada a uno de los pasos subterráneos. En este caso, en Cracovia (no me di cuenta de hacer la foto en Varsovia ni tengo fotos del interior)
Nota: si sois nuevos en Varsovia, tenéis el hotel por esta zona y llegáis de noche, ni se os ocurra cruzar en superficie. En nuestro caso, casi perdimos un miembro del equipo porque los conductores ¡aceleraban al verle cruzar! Y, vamos, sin acelerar ya iban a toda pastilla…
3. La bici es casi residual en algunas zonas de la ciudad aunque hay préstamo de bicis, infraestructura y unas estaciones para que te arregles la bici (ver foto). En otras, sobre todo la zona universitaria, la impresión es bien distinta y se ven bastantes.
Estación de arreglo de bicis frente a la Biblioteca Central de la Universidad de Varsovia
4. El aire soviético de la ciudad nueva es evidente (no en vano, el pacto de los países del Bloque del Este se firmó allí), sobre todo en lo alienante de las proporciones de calles y plazas. Basten estos ejemplos:
Biblioteca Central de la Universidad de VarsoviaVista de la Plac Defilad (Plaza de los Desfiles) desde el último piso del hotel Marriott, con el «bonito» regalo de Stalin, omnipresente en la ciudad de Varsovia y que sirvió como ensayo para las Siete Hermanas de Moscú (pinchad en el enlace, que no tiene desperdicio) y fue, por tanto, uno de los primeros rascacielos europeos. En el fondo de la plaza (cuyas aristas se tardan en recorrer más de un cuarto de hora), el corredor donde se hacían/¿hacen? los desfilen militares.
5. A Varsovia fui precisamente a hablar de temas de transporte, al TRA2016. El congreso era en el Stadion Narodowy w Warszawie. Es decir, en la margen contraria del Vístula en la que nos alojábamos. Una vez fuimos andando y se tarda en cruzar casi una hora (impresionante la longitud de la estructura). También fuimos en autobús, tranvía y “cercanías” y sólo cabe decir lo bien que funciona el transporte público de la ciudad, con unas frecuencias realmente competitivas, plataformas reservadas en casi toda la ciudad (si alguna ventaja tiene el hecho de tenerla que reconstruir completa hace 70 años es que se podían plantear soluciones que exigen mucho espacio). Dejo por un lado un par de imágenes curiosas del intenso uso de estas plataformas reservadas que usan autobuses, tranvías y ambulancias:
Tranvía + bus+ tranvía pasando juntos por una estación situada en la plataforma reservada central de una calle de VarsoviaPuente sobre el río Vístula, con una plataforma central para tranvías y buses que es un paso continuo de transporte público. A los lados, pero fuera de la estructura, pasan el metro y el «cercanías»
Y, por otro, dejo el folleto del proyecto que iba a presentar (pinchad sobre la imagen):
BONUS
Aparte de estar esa semana de congreso en Varsovia, mis compañeros y yo aprovechamos para visitar Cracovia (en polaco, Kraków) y Dánzig (en polaco: Gdańsk, en casubio: Gduńsk y en alemán: Danzig). Las dos ciudades merecen mucho la pena. La primera, aunque tiene una de las catedrales más feas que he visto en mi vida, es una ciudad animadísima, preciosa, interesante y muy agradable (despedidas de soltero aparte. Pero eso pasa habitualmente. Si no, que se lo digan a Salamanca, Madrid, Barcelona,…). La segunda es una mezcla muy peculiar entre lo polaco, lo alemán y lo báltico, es evidente que fue un rico centro de intercambio cultural, ideológico y económico y es, además, la cuna de dos acontecimientos históricos de gran trascendencia: el inicio de la IIGM y el levantamiento polaco contra el régimen comunista.
Plaza del Mercado de Cracovia Długie Pobrzeże (Puente largo de Dánzig)
A ambas ciudades fuimos desde Varsovia en tren. A una un sábado y a la otra un domingo, aprovechando los billetes de fin de semana de los trenes de alta velocidad. Así, recorrernos el país nos resultó súperbarato (37€ el billete como tal y unos 5€ la ida y vuelta de cada trayecto porque el sistema de venta es un poco complejo y se cogen por separado los billetes y las “reservas de asiento”. Es decir, como a 47€ unos 1.300 km), rápido y comodísimo (por ejemplo, te regalan agua o bebidas calientes, que van repartiendo un par de veces a lo largo del trayecto y limpian los baños cada media hora, lo que hace que estén impolutos). Me llamó la atención la buena calidad de la infraestructura ferroviaria, aunque hay pasos a nivel en líneas de alta velocidad (cuya velocidad es algo inferior a la de nuestras LAVs. Eso sí, puntuales al máximo) y que no haya cerramientos en las vías.
Billetes de tren del fin de semana
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Pokémon Go está siendo uno de los fenómenos de este verano y no podía dejar pasar la oportunidad de tratarlo desde la perspectiva del blog porque debo decir que me está fascinando (y eso que no lo he probado ni tengo intención).
¿Qué es Pokémon Go?
Pokémon GO será un juego de realidad aumentada que permite a los jugadores encontrarse a las criaturas del universo Pokémon en la vida real, capturarlas, intercambiarlas, hacerlas luchar entre ellas… Y no es un juego individual sino que tiene una componente social importante.
Y, lo más importante: para conseguir nuevos Pokémon hay que andar y, no sólo andar, sino recorrer diferentes lugares de las ciudades, puesto que los Pokémon de agua están en las zonas con agua; los Pokémon planta, bicho, etc, están en parques y jardines; es necesario acudir a las llamadas PokéStops para aumentar las reservas Pokéballs y resulta que éstas están ubicados en zonas públicas (dotaciones, iglesias, ayuntamientos,…); las luchas entre Pokémons se dan en determinados puntos icónicos de la ciudad que se denominan “gimnasios”; y así sucesivamente. Pero no influye sólo el lugar, sino también la hora, habiendo Pokémons que sólo aparecen de noche o a determinadas horas del día.
¿Puede suponer Pokémon Go un cambio en los patrones de movilidad o en los valores urbanos?
Resulta difícil averiguar si estamos ante una moda pasajera o si durará lo suficiente como para generar patrones de comportamiento “propios”. De momento, ya ha salido en Los Simpson y eso siempre evidencia que estamos antes un elemento cultural importante:
Está claro que no afectará a los hábitos de commuting (la movilidad obligada. Nadie en su sano juicio dejará de ir a estudiar, trabajar o lo que sea su obligación por ir a cazar Pokémons), pero… ¿qué pasa en el tiempo de ocio?
Pokemon GO is just insane right now. This is in Central Park. It’s basically been HQ for Pokemon GO. pic.twitter.com/3v2VfEHzNA
A priori, alguien que vaya a jugar en su tiempo libre buscando Pokémons sabe dónde empieza su viaje pero no dónde lo termina. A esto hay que sumarle que, si ha llegado andando al lugar en el que quiere cazar un Pokémon, tendrá que volver en algún momento a su casa y existen diferentes posibilidades de movilidad pero parece que las más beneficiadas serán la caminata y el transporte público. Sobre todo porque ¡en el transporte público se puede seguir cazando!
Además, al tratarse de un juego “inmersivo”, el jugador no camina como suele hacerlo de forma habitual por la calle, sino que lo hace pendiente de su Smartphone.Esto no supone una novedad, como ya hemos comentado en este blog, pero sí que expondrá a ciertos riesgos a un mayor número de personas.
¿Os imagináis que todas las ciudades del mundo, EEUU incluido, tuvieran aceras? ¿O que barrios que no son más que residenciales fueran visitados? ¿O que lugares por los que no suele pasar nadie y están degradados pasen a tener un uso tanto de paso como estancial haciendo realidad el sueño de Jane Jacobs de “los ojos de las ciudades”? ¿Generará valor en esos lugares? ¿O que se planteen nuevas zonas de prioridad peatonal en áreas que pasen a estar muy concurridas por ser PokéStops o “gimnasios”? ¿Hará que conozcamos mejor nuestras ciudades? Alguien que empiece a caminar grandes distancias, ¿puede llegar a variar su conducta y realizar andando sus desplazamientos habituales? ¿Puede cambiar nuestra forma de relacionarnos y empatizar con los lugares que visitamos? De momento es pronto y hay pocas respuestas, pero iremos viendo qué sucede pero. Eso sí, cabe anticiparse con un hecho y es que ha conectado con varias generaciones y eso puede suponer el desencadenante de toda una revolución.
Nota: la imagen destacada está extraída de eldiario.es.
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El otro día leí una noticia que hizo que me hirviera la sangre. No soy yo muy de enfadarme… Bueno sí lo soy, pero no por tonterías sino por los temas que considero importantes (pero sólo porque pienso que la vida es demasiado corta como para perderse toda la variedad de sentimientos que se pueden experimentar y el enfado es uno de ellos). La cuestión era quea una cooperativa le han otorgado la primera certificación Leed Platinum que se concedía a un edificio de viviendas. Esto es, el máximo reconocimiento internacional “por su sostenibilidad ecológica y energética”. Y yo se lo daría a la insostenibilidad, la verdad…
No dudo de la calidad de la construcción ni del ahorro energético que suponga, pero tengo que poner en entredicho su sostenibilidad. Así de entrada, veo varias cosas para que el premio sea inmerecido:
– El edificio está construido como unidad habitacional con las fachadas completamente expuestas. Que conste en acta que considero que este tipo de edificaciónresultó ser en su momento todo un hito, pero la realidad ha demostrado que genera ciudades desconectadas y, claro, la desconexión es precisamente lo contrario a la ciudad y tiene consecuencias en la relación que tenemos con el espacio y, sobre todo, con cómo nos movemos en las ciudades (aumenta las distancias y hace menos atractivos los itinerarios para peatones, ciclistas y transporte público).
– La entrada principal es para coche respecto a un damero diseñado también para el coche. Me jugaría algo a que encima está en mitad de la nada, producto del sprawl urbano. De hecho, sé seguro que está a las afueras de Tres Cantos (que a su vez está muy a las afueras de Madrid), pero no he encontrado la localización exacta. Actualización: al final del post he puesto una vista en planta del lugar. No tiene desperdicio…
– El edificio no tiene salón peatonal ni espacios estanciales alrededor. Además, parece bastante poco permeable (pocos accesos). Cero peatonalidad, vaya. Al menos, los cuatro zócalos que se ven en uno de los vértices, son locales comerciales y algo ayudarán a que haya vida en la calle…
– La vegetación brilla por su ausencia. Y, por si fuera poco, a nivel paisajístico, en las fotos que hay por internet puede verse que la pieza está completamente fuera de escala respecto a su entorno*.
– Aparte de que, si hay tan poca variedad de edades, es posible que también haya bastante poca variedad social. Eso a los guetos les va bien, pero a las ciudades me da que no…
Así pues, ¿no estaremos fallando en la raíz del problema al intentar sostenibilizar la insostenibilidad? Y, ¿no estaremos agravando el problema al justificarla y encima darle premios? En mi opinión, vamos directos al abismo aplaudiendo por el camino.
Actualización:
Iñaki ha compartido la ubicación del edificio en los comentarios y creo que merece la pena tener una captura de la planta, al más puro «estilo Nación Rotonda«, para admirar el bonito emplazamiento al que viaja el premio Leed Platinum:
* Además, esto afecta a un párrafo del post original y es que no resulta que esté a otra escala respecto a las edificaciones del entorno, es que está plantado en mitad de un «desarrollo sin desarrollar».
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3. Este mes también ha sido intenso por el trabajo realizado por la AVV de Batán y la plataforma Campamento Sí con motivo del apoyo a #A5ViaUrbana en los presupuestos participativos de Madrid.
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El blog de Samir Awad Núñez
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